28.3.12

Thiago, el santo II

Capítulo amorfo

Thiago llevaba aún delimitada su santidad. Santo al fin y al principio. La figura amorfa se posó sobre la pared blanca. Era una sombra. Debería importarle más la luz que la generaba pero cuando la sombra es amorfa, la incertidumbre traza las horas. El problema de la moneda cuando gira en el aire es que su canto es muy delgado para ser superficie. Una sola cara tiene la moneda.
La reposera se va hundiendo en la arena mientras Thiago se acomoda. Baja el sol y siente el frío que le propina la brisa cargada de salitre. El salitre es para dinamita o fuegos de artificio. Acción o discurso. Están los que adoran ,como espectáculo, ver explotar la dinamita. Se sientan en un banquito, como si fuera la esquina de un ring. Thiago conoce a muchos de esos.
Duerme un caballo negro que se quedó pensando en algo que vio en el camino. Pensaba en sus últimos raptos de vigilia que las avenidas eran hostiles.
Tierra adentro, la esculpida interpretación de un intérprete. Acá y allá es igual. Desconoce el plagio y lo cree de otros. El mismo río, los mismos acordes, casi los mismos ojos. Tienen los hilos aquellos una voluntad insípida. Lo demás es traje del viento que aún cree.
Partir. Partir la vana coincidencia que nos acerca. Será una imagen, que se transforma constantemente en lo improbable.
La sombra amorfa, arbitrariamente inexacta.

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