25.3.12

Un molino en Roque Pérez

Se desarman los ramilletes humanos y todo vuelve como al principio pero con cemento abajo.
-"No es principio, ni fin; todo es un ciclo. El ciclo lo es todo, y dentro de él; todo. Como un cuadernito de esos para colorear ¿entendés?"-
Pedro entiende, ni bien se lo empieza a explicar.
-"Las urbes crearon el ciclo. Resaltaron al domingo, y luego, para la gran mayoría, también al sábado. Al alejarse de ellas, los días se asemejan o hasta tienen la oportunidad de ser todos distintos."
Mientras hablaba con Pedro, al hombre se le venía al pensamiento la primera imagen que tenía de un campo: un molino en Roque Perez. Iba los veranos, desde su Avellaneda a la casa de su tía-abuela ahí. Roque Perez era un pueblo. Lo debe seguir siendo aunque ya debe superar los diez mil habitantes. Se disputa con Lobos el lugar de nacimiento de Perón. Vieja costumbre del Hombre que precisa saber donde cayeron los relámpagos en vez de utilizar su luz. Parece que Roque Perez no tenía tanto marketing para ser cuna del padre de la patria del último siglo, y corrieron el vientre de su madre a la casa del pueblo vecino.
Pedro, mientras escucha,

orienta su frente hacia Roque Perez, quizás lo esté haciendo hacia Navarro, pero anda en zona, mas o menos. Siente en la sien al viento. El mismo viento que movía aquel molino de la casa de su tía.

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