26.7.12
Hacia el balcón
Con diez o veinte dedos se puede hacer de todo. El abanico es tan amplio que ya no es un abanico. Como si fuera una vuelta al mundo, o una vuelta completa al universo que se puede trazar en las infinitas sinapsis. Desde una bomba atómica hasta una canción...y todo lo del medio. Y todo ese medio que deja a dos extremos a una distancia impensada. Desde un sillón, ojeando un balcón que da a un recuerdo y a una medianera.
El ruido perdido que viene de la calle pero nunca llega. Sobre la mesa la idea mas perfecta, aquella que se está creando. Universal aunque única. Un período refractario que se extiende hasta que el sol lo espanta. Aquellos nuevos ritmos. Allá ellos. Vienen del latido o viceversa. Se expanden sobre la senda peatonal de mil peregrinos cansados.
9.7.12
Ojos de ausencia
Si hubieras visto con ojos de ausencia las más claras lunas, tendidas y despiertas, sería una ironía todo ese recorrido. La velocidad no abruma por vertiginosa sino porque agranda la distancia entre los pies y el pasado. Lo pisado. Los muertos que hablan desde algùn sueño. El mismo amanecer repetido hasta el infinito; hasta el horizonte. Los techos de las casas se desperezan y miran al cielo. Y todo corre. Sigue corriendo. El que mañana no te verá pasar; unos días después no será visto. Así el barro se forma siempre de la misma tierra y del mismo agua. Sólo que se separan un poco a veces y al caer la primera lluvia desaparecen para transformarse en otra cosa que en verdad los incluye a ambos.
Todas las sonrisas servidas se suben a un omnibus en una avenida. Verde, amarillo, rojo. Verde... No hay tiempo entonces. Hay un ciclo...amarillo, rojo.
Algunas lluvias. Todos los cielos.
Y desaparece así toda impresión que no está firme. Se esconde. Las nubes que tapan al sol tienen forma.
Entonces aquel viaje que empezó imprevistamente calculado se desenreda al ritmo de un latido irregular... Entonces no hay tiempo.
3.7.12
*
Desde un balcón. Desde el borde que plantea una elección. Los pies apoyados sobre las baldosas. Hacia abajo, la mirada se proyecta sobre una posibilidad por la cual no se opta.
Mientras tanto todo el cielo se resume en una porción del techo. Juntas la fantasía y la sangre.
Afuera está pasando todo eso que no pasa cuando no estamos viendo. Oímos músicas que invaden la escena y luego saludan.
Vaughan se disuelve para ocupar todo el ambiente.
Todos los misterios que se esconden entre la nuca y los ojos. Equidistantes de ambos. La buena salud y las malas costumbres. Agoreros del tren fantasma van en dirección Sur-Norte.
Mientras tanto un perro corre en círculos por una plaza. Atrás, el río.
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