27.2.12

Otón


Mustio y taciturno, recorrió la noche hasta que, juntos, se deshicieron. Los dos sabiéndose renovables, cíclicos e impacientes. La noche corre con plazos. Él corre y se inventa plazos incumplibles. Busca detrás de la mañana una mueca que devele los rasgos fisonómicos del día. Hay una sed eterna que quien la pierde; se enfría.
Disuelto en soluciones amorfas, escupidas en los libros que se van poniendo ictéricos. Envuelto en los moldes que le dan forma a sustancias incomprensibles.
Ya pasaron mil llantos y el mar no se calma. Lleva la angustia de Otón, que al ver sangrar a sus ojos, los apagó.(madres que van pariendo fraticidios)
Los muertos se enferman cuando su sangre se seca. Fenómeno similar sufren los recuerdos, que como el tiempo, viven en constante cambio hasta que perecen. Fotos inquietas que rara vez logramos ver dos veces de la misma manera.
Estornudan sus nostalgias, para que no las olvide. Para que insista en la idea adquirida que "todo tiempo pasado fue mejor". Para atar a un punto fijo su caída en el verticalismo del tiempo.

R. L.

Sobre la barra se apoya la descripción de René Lavand. Una descripción subjetiva, como toda descripción. "Yo te peleo con una mano y con la otra como un sanguche" Vas a seguir pensando que viste lo que creías ver. Hasta creerás que hay una mano ausente. "No se puede hacer mas lento"
Afuera un taxi indeciso recorre la orilla sur de Diaz Velez.
Queda lejos el día. Pasa otro taxi.
Una mujer sin cartera espera a un 105 que se retrasa para dejarla tomar aire con cucharas de titanio.
Es domingo aunque sea lunes. Veo(sin mirar) bostezos que se apoyan sobre los quebrachos gastados. No los oigo.
¿Acaso esa duda, a la cual arropás convencido, es mas urgente que la certeza?
No hay rastros del calor, sólo huellas.

17.2.12

Los hijos del agua

-Dime cómo te comportas en un día de lluvia, y te diré quien eres- Balbuceó el loco mientras esperaba que el verde se apagara para dejar al rojo estacionarse unos segundos, justo arriba de su cabeza.
Las gotas kamikazes se escondían en su pelo hasta marcar ese punto frió sobre el cuero cabelludo. Se demoraba un rato la sensación, hasta que otra gota marcaba otro punto de nuevo en su cabeza, en lo más íntimo de ella. Iban las señoras bajitas con sus paraguas jugando a cortar párpados. El loco pensaba que en esas situaciones se invadía de resentimiento,la portadora del paraguas, por algún pensamiento. Alguna idea le quedó mal acomodada en las cajoneras. "A ciertas edades uno ya conoce ,hasta ciego, al propio cuerpo. No hay posibilidad de distracción tal para transformar a un paraguas en un arma." El loco no tenía en cuenta que la complejidad no necesariamente es privativa. Miles de puteadas en voz baja se oyen en los días de lluvia. Nadie entiende por qué el que va protegido con algún elemento propio insiste con usar los toldos de reparo.
El loco se para frente a dos que se escondieron en la entrada de un edificio cuya estética afirma que ha nacido en los ´60.(En aquellos ´60) Deben pensar que el mundo se inactiva cuando llueve. Por eso esperan a que pare en esa cueva.
Se va poniendo brillosa la senda peatonal y se ponen brillosos los ojos de quien la ve. Una gota por segundo, un segundo por gota. Una percusión hídrica se derrama sobre la avenida. Una avenida derramada y un cielo de segundos.
Será

15.2.12

Decúbito

El hombre estaba sentado mientras leía una estadística que decía que el ser humano duerme en promedio 7,6 a 8,4 horas por día. Sacando cuentas, llegó a imaginar aproximadamente el número de horas dormidas por una persona que desarrolló una vida promedio con un sistema de salud adecuado y sin mas de un vicio.
En esa posición no se ve mucho de lo que pasa por la vida hacia afuera. Se suele cerrar los ojos al ponerse en decúbito dorsal. Se suele mirar hacia atrás en formato 8 mm.
No se ven abrazos porque uno no se anda acostando en las esquinas; y nombro a las esquinas de las calles porque debe ser el lugar donde más se abraza la gente...la gente que suele encontrarse en las esquinas y no en un portón.
No se ven besos porque uno no suele acostarse en las plazas, no a menudo.
No se ven los pasos de los hombres porque no es aconsejable acostarse en el medio de la vereda, por mas solitaria que pueda ser la calle.
No hablo de lo que se puede ver tirado horizontalmente, observando la televisión. Hablo de lo que pasa por y en la Vida.
Pensóse acostado mirando al vendedor de manteles como si estuviera reflejándose en una pantalla de cine. Deseó echarse en el bar, entre dos mesas, a mirar a esa pareja que ,al parecer, se estaban prometiendo eternidades perecederas. Los observaba como se miraban el fondo de los instintos, mutuamente. En 10 años se verán como a un folleto viejo.
Sentado lee todo lo que no pasa mientras se acuesta.

14.2.12

Legañas secas

Sentado tieso, frente al reloj, hilvana ideas acerca del tiempo. Tema recurrente de los ansiosos a los cuales no les queda otra que ser pacientes en la sala de espera de un consultorio sin despacho.
Agujas espesas en atmósferas de mercurio que irradian desvelos.
A simple vista, uno arriesgaría que no puede dormir. Capaz, poniendose puntillosos en la observación, está demorando al sueño...como si esto fuera posible. El sueño, golpeando la puerta, es un ente irritante e irritable.
La almohada es un objeto. No hace al sueño. Sólo condiciona el estado de los músculos del cuello al despertar.
¿Dónde apoya sus sueños el impávido ojeroso? ¿En qué cuarto oscuro los revela al despertar?
Que ni nos digan que ahora el sol sale por el Norte. Ya pasaron los tiempos de mirar a otro lado que no sea el Este.
Sacate las legañas que son días donde es preciso mirar con claridad.

9.2.12

Flaco

Parece como si se nos hubiera ido un familiar. Capaz un tío muy querido que por momentos tomaba ribetes de padre.
Hay latidos que no se apagan, se transforman en un pulso eterno...con la eternidad de una obra coherente y diáfana. Ahí se asienta su eternidad.
Hay miles de versos que lejos de quedar huérfanos, se hacen viento en incontables gargantas conmovidas. Hay cientos de acordes que esperan que el hombrecito lánguido los use de vehículo, nuevamente, para explicar como se ve el mundo desde su ojos transparentes.
Centenares de lágrimas hacen al río ese que hoy nos lava los pies...y seguro alguna canción con su voz te lleva a alguna mina, alguna otra te lleva a algún momento trascendente de esos que cambian una etapa del viaje; decenas de canciones se metieron en nuestra memoria y hacen que ahora echemos de menos a alguien que no nos conocía. Y vaya si ya lo echamos de menos. Extrañamos las canciones que le quedaron por hacer y nos abrazamos bien fuerte a las que nos dejó. A la suma de las partes que hacen a este todo que es su obra.


Vemos cruzar por nuestro cielo una luz, ahí va el capitán Beto por el espacio.
Muchas gracias, Luis Alberto. El gusto ha sido nuestro.