22.11.12
¿Cuán tensos bajan los hilos?
Aproxima la nariz contra el vidrio y lo empaña, como si hiciera un ejercicio de respiración sólo por el ejercicio mismo. No le importa respirar. ¿respirar para qué? Si "se hace solo", sin pensar, como si no lo necesitáramos. Mira el reloj, aparta la mirada. Vuelve a mirarlo.
Se sube a su bicicleta que guarda el óxido donde el sol no besa. Pedalea hasta el infinito porque lo hace pensando debajo de sus auriculares. Esos que apoyan los graves sobre sus tímpanos. Sigue pedaleando y la avenida parece que topa con el sol. Allá en el Oeste. Merlo, tal vez. Respira recuerdos y algún que otro obsequio que deja un 132. Tan burda va la decisión que ni se altera. Unos arriba de otros, arriba de otros, arriba de otros. Arriba de todo, el agua y los lamentos. Pasa por debajo de los cables, de los semáforos, de dos novios que discuten, de dos perros que se huelen. Pasa y no mira. No le corresponde.
Todo es una cinta que corre. Pies que se mueven. Sobre un pedal o sobre el suelo.
El problema de las segundas partes no es que sean malas, es que no existen.
18.11.12
El amor propio y el odio ajeno
Se lo pasó el padre, a quien se lo había pasado su padre de parte de su abuelo. De boca a oido, de oido a boca...sin planear sobre ninguna razón. El odio es ajeno; y el miedo velado se le hizo desprecio. Habla por boca de necio...habla por boca de otros que a su vez, hablaban por bocas de otros. Habla con la boca llena de arena apretando bien fuerte los dientes.
¿A quién le pasará la posta nefasta? Sal tras sal se eleva la imagen engañosa. Atrás y un poco mas atrás. El odio es ajeno, está claro, y el amor es propio pero la raiz de la que sale es sui generis aunque difusa.
Entonces aprovecha cualquier situación que exponga a "ese otro" a quien detesta tanto como le teme para sacar a pasear sus residuos, su relleno que no alcanza siquiera para hacer bulto. Cabalga en su ignorancia, con la prisa de los oportunistas; que abren bien los ojos pero sólo para pensar que, así, a ellos les entra más luz que a los demás. A veces cinco o seis abrazos bien dados, en la infancia, evitan en la adultez ciertos desequilibrios de atención que llevan a no entender que amar y odiar requieren una cantidad de energía similar pero difieren completamente en sus beneficios. Porque es eso. Desatención. Irradiada desde el seno de la irracionalidad. Desde el lema escrito sobre el pupitre en letra imprenta.
Mirate
"Uno es la suma de todas las miradas, y todas tienen el mismo peso" Así nomas. Entonces, pendiente de todas y de ninguna, prefirió las penumbras esas que dan las luces tenues. Y ahí, rodeado de los misiles condenatorios se acurrucó contra el diván. Por eso será que eligió a Elisa, que no ve nada, ni de cerca ni de lejos; y que si le escondés los anteojos es como ahogarla con una almohada.
¿La acción busca la mirada o la mirada condiciona a la acción? O ambas. Pedro prefiere la segunda opción. Nunca supo hacer de cuenta que bailaba solo en un salón vacío. ¿Acaso bailaría de otro modo si estuvieran mirándolo? Nunca lo supo, porque no se atrevió a bailar cuando sentía que las luces estaban apuntándole.
Capaz nunca lo sepa. Por lo pronto, hoy no baila. Se sienta a pelar una pera mientras Elisa le cuenta que su hermana de nuevo está en crisis con su marido. No la escucha. Sólo absorbe las palabras que arman la recta. "crisis", "hermana", "Arturo"(el cuñado de Elisa)...de ahí ya sabe todo. Siempre hablan de lo mismo. De las crisis de los demas, del clima, de qué van a hacer cuando se jubilen. No más. Después dejan que el televisor ocupe cualquier terreno que mire de reojo el silencio. No vaya a ser cosa que piensen o vean algo que no deban. Ni bien terminan de comer, Elisa se va a dormir. Pedro la saluda a medias porque sabe que en un rato la encontrará en el cuarto. La oye cepillarse los dientes mientras el joven de barba da el pronóstico del tiempo del día siguiente. Sube el volumen del aparato. Lluvias por la tarde.
7.11.12
Esos
De lo que fueron y no supieron; de lo que son y ya no quieren ser. En el medio, un puente roto que se ríe de ellos. Soplan los soles, escuetos y vergonzosos, en un año bisiesto. Mientras tanto, ella se acomoda el pelo y las ideas frente a un espejo que le miente igual que los recuerdos. Bosteza a oscuras, por eso evita hacerlo de forma silenciosa. Que el otro oiga sus intenciones y sus no intenciones. Que el otro oiga.
La curiosidad del otro
Como no sabía que hacer con el tiempo, no hizo nada. Esa era el lema que definía su proceder. Los calendarios son tan pesados que se caen solos. Unos tras otros. Después no hay más preguntas, sólo silencio. Así permanece en su campo de Las Flores. Destripa cigarrillos, come manchándose la barba blanca, resopla siempre a las siete de la tarde.
Nunca repara en su accionar ni en sus costumbres. Es a los otros a quienes les intriga qué hace de su vida y qué deja de hacer. Construyen fantasías a la medida de sus aburrimientos y tejen las mas diversas narraciones que luego los abrigan de Mayo a Agosto. "Lo vieron bebiendo la sangre de sus vacas", "Se oyen gritos de niños suecos por las noches de cuarto menguante", "Debajo de la tranquera está el cuerpo de un primo suyo, con el cual mantenía una deuda de juego" Él ni imagina lo que piensan porque está pensando en otras cosas. En las cosas que piensa siempre desde que dejó de hacer sus cosas.
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