29.4.12

Salud(versión del Dr. D.)

Alguna vez en una cocina antigua Delon dijo eso del hombre, su edad y la mujer que ama. El hombre tiene la edad de sus amigos. De risas, sonrisas y llantos surge una conversación siempre puntual. El sueño espeso de no habitar la casa interna. Tenaces intensiones de visualizar la enredadera. Alguna lágrima caerá primero sobre las baldosas de un patio. Alguna lágrima caerá última y será un desenlace angustiante. Tres veces negada la prueba que pianta la célebre palmada. Dios planea pero no supervisa. Salud.

28.4.12

Sauce, vas a llorar

En el mismo lugar, siempre presente. Agitando el curso de algún recuerdo, deja sus hojas durante la noche y teje una sombra durante el día. Así, el sauce inquieto se ríe de los comentarios. Sigue en su lugar. Impávido, sabiéndose intocable. Pareciera que hay un puente que nos lleva hacia su copa. Incomprobable. Además nos tildarían de locos. Si le preguntaran, él sabe los más fieles detalles; pero nadie le quiere preguntar. Llora sus hojas, siembra una alfombra para caminar sobre ella descalzos. No pregunta acaso de quién son los pies. Siente al silencio desde su raíz
Está la silueta grabada en el Este. Sauce que si no llora no mama y será por eso que se hizo llorón. Llora sus hojas. Llora.

Ojos abiertos

Los ojos bien abiertos, como si todo el mar aquel que se lleva las sales profundas pudiera caber en sus ventanas. Hay otras sales de cicatrices superficiales que se lavan con las brisas de Abril. El viento corre frío ya. Las palabras más urgentes se dicen a la misma velocidad que las otras, porque el tiempo es el mismo. Dicen que la entropía del universo se incrementa con el tiempo, pero no dicen si existe el tiempo o la entropía. Todos los caminos se ponen azules. Corré. Corré despacio sin usar el cuello, agitando los brazos para balancearse y también para mostrar que está corriendo. Atrevida brisa por la avenida, golpeándole la puerta a Mayo. Se inquieta el caballo, atado, pensando en el camino y en su descanso. La sucesión de ambos. Parpadea. Los ojos otra vez se abren grandes. Así, sólo así, saben mirar. Parece que generan un auditorio colmado a quien se pone enfrente. Vuelve a parpadear. Baja un escocés por una rampa de lo más empinada. El viento va más rápido que él. A la vista parece que corren a la par...pero no.
Facciones que no llevan reloj. Todo dicho. Nada hecho. Nada dicho, quizás. Sugerido con frases que no se terminan. Delante del tiempo...también detrás. Personajes que pasan por al lado. Innecesarios mas perceptibles. ...como si todo el mar aquel que se lleva las sales profundas pudiera caber en sus ventanas

20.4.12

Amianto

Con una camisa y un sombrero de amianto fue rumbo a la estación de subterráneo. Quince minutos ,como topo, hasta Piedras y de ahi a disfrazarse de hormiga por un rato. Alguna mañana de Lunes, uno de sus compañeros hablará de algún pibe habilidoso que vio el día anterior en el partido de reserva. Un litro de tinta y uno más. El pibe ese jugará en primera veinte partidos y lo verá al poco tiempo los sábados por la tarde en alguna liga europea entrando al juego faltando quince minutos. Un litro de tinta, y uno más.
Cinco días, medio topo y las hormigas Querubines. Los días se restan y se suman en la misma cuenta. Se caen los almanaques que al mismo tiempo se amontonan al borde de la pared. Otro litro de tinta más. Miles de Watts. Un par de sonrisas y un brindis final.
Se saca el sombrero de amianto y lo cuelga antes de sentarse al escritorio. Su camisa, planchada cada día un poco más, no sale del gris o el celeste. De tieso amianto.
Medrano-Piedras-Medrano-Domingo-Medrano-El infinito.

Granadero

Hay miles de fotos de la misma escena. Dos de ellas se encuentran en un bar y se saludan. Parece hasta que se dieran un abrazo a la distancia, acercándose en palabras. Esas fotos, que luego se suben a un colectivo o cuelgan la ropa en una soga, se mantienen casi inalterables. París y sus fotos...y después, todo lo demás. Amenazas que se ponen bajo techo cuando llueve. Desde el piélago al cielo. Impúdica sonrisa que se imprime sobre el papel. Vencida por dada. El correcto andar del granadero que traza rectas por Balcarce. Todas las palomas que ya no oye. Una plaza que titila, de canto rodado y pasos. Corría un 86 por al lado del silencio, acercándose sin tocar el paño verde. Una guerra más que se desata en alguna terraza. Guerra que precisa vivos a ambos bandos y así los mantiene. El granadero sigue sin oir a las palomas de la plaza, ni a los pájaros que cantan en el patio de su casa de Banfield. En su casa no conserva el andar ni las ropas. Menuda decisión. Disfracito elocuente. Frente liviana que deja al temor disuelto en la gomina. Dale un reloj nomas. El solito se lo pone y, después de un rato, se olvidará que lo tiene puesto. Sacale el disfraz. ¿Y ahora? No va a parar. Los relojes; sí. Equidistante...a mitad de camino. De variedad y de gusto.

9.4.12

I
Nos alcanzan las bocanadas de aire, de un viento que no define dirección. Se hunde la piel de frente a la corriente. La idea de lo que iba a ser aquello se desencuentra con aquello. O algo así.
Algunos momentos en los cuales la lógica no se da, son exquisitos. Como si la gama de un tipo de color, al mezclarse en el lienzo, formara la gama de su color complementario. Formando algo que no había pensado pero estaba dentro de las posibilidades de su naturaleza.
O algo así.
David y Goliat desconocían que tenían un libreto que indicaba que cada uno tenía un rol. Y entonces era uno el que le daba la entidad a David y también a Goliat.
Ellos representaban la imagen sobre la pantalla del pensamiento. Uno los interpreta a ambos.
Fue ahí donde David ignoró al miedo.
Las calles de un barrio se van a dormir tarde porque ya soñaron por la tarde. MAñana temprano mirará las tapas de los diarios sintiéndose en el zaguán de Morfeo.
Todos los hilos se esconden de los rincones del ojo si quieren. Por salud.
O algo así.
Nocturno como la mitología vasca, me fui por la tangente solitaria y sin gente. Más solitaria que sin gente.
Resonaban en las esquinas las alegrías. Alegrías de Domingo que son particulares y reconocibles.
Pasaron quinientas sequías y entre medio de ellas, quinientos diluvios. O viceversa.
O algo así.
El giro de la tierra sobre la cabeza, sobre el cuello y sobre las manos. Induciendo movimiento sin generarlo. El grito precisa de oídos. Sin ellos es un ruido en un bosque desierto de sangre que un árbol no oye.
Se van apagando las luces de a poco. La luna peregrina. Los perros callejeros se debaten entre dormir o adueñarse de la ciudad. Es una hora interesante del día. Aunque los ojos no estén tan abiertos hay numerosas cosas para observar. Parpadeo y retomo el punto de atención.
Se repite.
Algo así, supongasé que es.








II
La red define el tamaño de los peces que se sacan. La corriente del río; la cantidad.
Venciendo a lecturas y auriculares viajó en un 141 hasta el final de la avenida. De una avenida. Ojos audaces buscando audacia en otros ojos. Un segundo de precisión quirúrgica en un ambiente inquieto.
Dispara. El proyectil alcanza su objetivo pero no lo hiere. Los disparos se expanden con la cinética impuesta por ciertas normas de convivencia.
Impone una búsqueda desordenada que presagia un timbre opaco al final del pasillo. Al final de una historia.




III

Eso que traen los años, junto con las arrugas y las mañas, se expone con una diáfana sensibilidad. La experiencia descansa en un discurso firme pero no por ello menos persuasivo. Con un ojo enorme, Agustina observó los ambientes del relato. Interpretó cada textura que dejaba el sonido con las yemas de sus oídos.
Demoró a su café para no quemarse y encendió un cigarrillo ,de esos que fuma ella y yo sólo fumo cuando se acabaron los míos. Lo prende y por algunos momentos parece que se olvida de él. Por otros, expulsa una bocanada densa de humo y forma con ella "La playa de Trouville" de Monet. Agustina calla algunas cosas por clemencia. Otras por elección arbitraria. No exagera, o sólo un poco.
Cierra las ventanas de su departamento a las 2 de la mañana. Siempre puntual.
Etéreo y voraz.