25.3.12

El cielo y el suelo


Parado en la mesa, gritó a los cuatro vientos su nombre y la hora.
Se bajó luego para llamarse a silencio y pensar. Concluyó pensando que el dolor ajeno, de un ser querido,es más incómodo que el propio. En parte por ignorar sus dimensiones y sus límites aunque uno los imagine; o los infiera al menos. Uno no puede manipular al dolor ajeno. Al propio, por momentos del partido se lo puedo dejar bajo la suela hasta que vuelve a rebotar. Altruismo occidental. Dejó de pensar dos minutos.
-"La muerte es una mariposa efímera. Un beso breve y hondo." balbuceó apoyando su culo en la silla. Los codos sobre los cuadriceps, la mano izquierda sobre el mentón. Estacionado en un sitio que no era del presente pero era del Tiempo. ¿Quién podría negar su existencia? ¿Qué podría borrarlo?- Un árbol afuera agranda su sombra.
Hay un cristal entre yema y yema; una mueca instantánea parida abriendo los brazos. Hay un reloj que por momentos se detiene por el viento en contra del andar de sus agujas.
Gris, el cielo y el suelo. Sólo los pájaros andan por ambos. Otros; por el medio de sendos extremos del mismo color.

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