3.3.12


Ingresan las voces por la ventana. Salen de alguna otra. Termina el convite en una pecera. Testosterónicos gritos proclaman los títulos de realeza efímeros de una mujer de Saavedra. Inútiles, en ráfaga. Un nadador color cielo agitando los brazos.
Se corroe una noche sin lunas de amianto, con cuartos contiguos y menguantes. De óxido hijo del tiempo. Cronos Imperio. Duerme un caballo negro.
Alguien funde la ciudad fundada. Iluminan los incendios prematuros. A la intemperie de razonamientos posibles. Cerca de los gestos anunciados; del misterio lánguido.
Atrás nomas de la trágica virtud se amotina su idiosincrasia. Casi ni se esconde. Casi que se ve.

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