29.5.13

Quietud

Con el puñal bien guardado, como los cobardes. No vaya a ser cosa que haya que usarlo. Disuelto en la excusa más franca que enturbia todo el ocaso. No es, quizás, la última pregunta del incómodo comensal. Detrás del sueño y por el sueño. Los lazos de unos cuerpos que no se reconocen. Repitió la pregunta, Alfredo, que sabía de regazos como de velorios. “Dele, nomás, m´hijo, que el bobo aprisiona mas no esclaviza…o sí” ¿Cuál es la distancia? ¿Y cuál la diferencia? Si van los dos sin ir. Si en el medio del asunto los inciertos puntillados se hacen comas. Como el río que corre, parece sin sentido, el latido se hace eco de su misma esencia. De su mismo destino. Otros, dispares, se acorralan en las fórmulas mágicas de los afiches. Uno mas uno y punto. Por allá fueron, por ahí iremos. Entre tanto mausoleo no han quedado quietos los recuerdos.