18.11.12
El amor propio y el odio ajeno
Se lo pasó el padre, a quien se lo había pasado su padre de parte de su abuelo. De boca a oido, de oido a boca...sin planear sobre ninguna razón. El odio es ajeno; y el miedo velado se le hizo desprecio. Habla por boca de necio...habla por boca de otros que a su vez, hablaban por bocas de otros. Habla con la boca llena de arena apretando bien fuerte los dientes.
¿A quién le pasará la posta nefasta? Sal tras sal se eleva la imagen engañosa. Atrás y un poco mas atrás. El odio es ajeno, está claro, y el amor es propio pero la raiz de la que sale es sui generis aunque difusa.
Entonces aprovecha cualquier situación que exponga a "ese otro" a quien detesta tanto como le teme para sacar a pasear sus residuos, su relleno que no alcanza siquiera para hacer bulto. Cabalga en su ignorancia, con la prisa de los oportunistas; que abren bien los ojos pero sólo para pensar que, así, a ellos les entra más luz que a los demás. A veces cinco o seis abrazos bien dados, en la infancia, evitan en la adultez ciertos desequilibrios de atención que llevan a no entender que amar y odiar requieren una cantidad de energía similar pero difieren completamente en sus beneficios. Porque es eso. Desatención. Irradiada desde el seno de la irracionalidad. Desde el lema escrito sobre el pupitre en letra imprenta.
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muy bueno, loco !
ResponderEliminargenial
ResponderEliminargenial
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