7.11.12
La curiosidad del otro
Como no sabía que hacer con el tiempo, no hizo nada. Esa era el lema que definía su proceder. Los calendarios son tan pesados que se caen solos. Unos tras otros. Después no hay más preguntas, sólo silencio. Así permanece en su campo de Las Flores. Destripa cigarrillos, come manchándose la barba blanca, resopla siempre a las siete de la tarde.
Nunca repara en su accionar ni en sus costumbres. Es a los otros a quienes les intriga qué hace de su vida y qué deja de hacer. Construyen fantasías a la medida de sus aburrimientos y tejen las mas diversas narraciones que luego los abrigan de Mayo a Agosto. "Lo vieron bebiendo la sangre de sus vacas", "Se oyen gritos de niños suecos por las noches de cuarto menguante", "Debajo de la tranquera está el cuerpo de un primo suyo, con el cual mantenía una deuda de juego" Él ni imagina lo que piensan porque está pensando en otras cosas. En las cosas que piensa siempre desde que dejó de hacer sus cosas.
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