22.11.12

¿Cuán tensos bajan los hilos? Aproxima la nariz contra el vidrio y lo empaña, como si hiciera un ejercicio de respiración sólo por el ejercicio mismo. No le importa respirar. ¿respirar para qué? Si "se hace solo", sin pensar, como si no lo necesitáramos. Mira el reloj, aparta la mirada. Vuelve a mirarlo.
Se sube a su bicicleta que guarda el óxido donde el sol no besa. Pedalea hasta el infinito porque lo hace pensando debajo de sus auriculares. Esos que apoyan los graves sobre sus tímpanos. Sigue pedaleando y la avenida parece que topa con el sol. Allá en el Oeste. Merlo, tal vez. Respira recuerdos y algún que otro obsequio que deja un 132. Tan burda va la decisión que ni se altera. Unos arriba de otros, arriba de otros, arriba de otros. Arriba de todo, el agua y los lamentos. Pasa por debajo de los cables, de los semáforos, de dos novios que discuten, de dos perros que se huelen. Pasa y no mira. No le corresponde. Todo es una cinta que corre. Pies que se mueven. Sobre un pedal o sobre el suelo. El problema de las segundas partes no es que sean malas, es que no existen.

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