14.12.12

Cien ciegos, mil ciegos, un ciego. De los que no pueden ver y tampoco quieren. Cien sordos, mil sordos, un sordo. De los que no saben bien de donde viene el sonido. Desde las retinas estiran las yemas. Sentados en un umbral, mano a mano. Ojo a ojo. Y nada se disuelve mas supera la entropía del misterio roto. Vencido el velo, pierde su nombre. No existe un punto cardinal ahí. Sólo ahí, donde un reflector ilumina el escenario. Y todo sucede, de nuevo. Se alborotan los átomos y los putos electrones hacen su gracia. ¿Me vas a decir que no es real? Dejá, no mires...te va a hacer mal.

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