27.2.12

Otón


Mustio y taciturno, recorrió la noche hasta que, juntos, se deshicieron. Los dos sabiéndose renovables, cíclicos e impacientes. La noche corre con plazos. Él corre y se inventa plazos incumplibles. Busca detrás de la mañana una mueca que devele los rasgos fisonómicos del día. Hay una sed eterna que quien la pierde; se enfría.
Disuelto en soluciones amorfas, escupidas en los libros que se van poniendo ictéricos. Envuelto en los moldes que le dan forma a sustancias incomprensibles.
Ya pasaron mil llantos y el mar no se calma. Lleva la angustia de Otón, que al ver sangrar a sus ojos, los apagó.(madres que van pariendo fraticidios)
Los muertos se enferman cuando su sangre se seca. Fenómeno similar sufren los recuerdos, que como el tiempo, viven en constante cambio hasta que perecen. Fotos inquietas que rara vez logramos ver dos veces de la misma manera.
Estornudan sus nostalgias, para que no las olvide. Para que insista en la idea adquirida que "todo tiempo pasado fue mejor". Para atar a un punto fijo su caída en el verticalismo del tiempo.

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