17.2.12

Los hijos del agua

-Dime cómo te comportas en un día de lluvia, y te diré quien eres- Balbuceó el loco mientras esperaba que el verde se apagara para dejar al rojo estacionarse unos segundos, justo arriba de su cabeza.
Las gotas kamikazes se escondían en su pelo hasta marcar ese punto frió sobre el cuero cabelludo. Se demoraba un rato la sensación, hasta que otra gota marcaba otro punto de nuevo en su cabeza, en lo más íntimo de ella. Iban las señoras bajitas con sus paraguas jugando a cortar párpados. El loco pensaba que en esas situaciones se invadía de resentimiento,la portadora del paraguas, por algún pensamiento. Alguna idea le quedó mal acomodada en las cajoneras. "A ciertas edades uno ya conoce ,hasta ciego, al propio cuerpo. No hay posibilidad de distracción tal para transformar a un paraguas en un arma." El loco no tenía en cuenta que la complejidad no necesariamente es privativa. Miles de puteadas en voz baja se oyen en los días de lluvia. Nadie entiende por qué el que va protegido con algún elemento propio insiste con usar los toldos de reparo.
El loco se para frente a dos que se escondieron en la entrada de un edificio cuya estética afirma que ha nacido en los ´60.(En aquellos ´60) Deben pensar que el mundo se inactiva cuando llueve. Por eso esperan a que pare en esa cueva.
Se va poniendo brillosa la senda peatonal y se ponen brillosos los ojos de quien la ve. Una gota por segundo, un segundo por gota. Una percusión hídrica se derrama sobre la avenida. Una avenida derramada y un cielo de segundos.
Será

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