31.1.12
Las historias del Hombre del cincuentenario
Suele ser poco avaro al usar palabras, cuando se dispone a explicar algún punto de vista. Para qué ahorrarlas, salvo que infiera algún signo de aburrimiento en quien lo está escuchando.
"Habla hasta por los codos", dirán, pensando que un parámetro anatómico de verborragia sea la mitad del brazo(la mitad según las manos del ser parlante en cuestión) ¿Por qué no el esternón o hasta el ombligo? Ya decir, "habla hasta los tobillos" puede ser un exceso. Bueno, de Él dicen que habla hasta por los codos. Ni mas, ni menos. Él retruca que sólo lo hace en las ocasiones en que es necesario.
Se despluma como los pavos viejos cuando agitan su dorso. Se despluma en palabras. Rara vez cansa, pero es inevitable notar la longitud hectométrica de sus historias. ¿Cómo escatimar detalles de alguna historia? ¿ Cúal es el criterio que comparten emisor y receptor? Él no puede tomarse esa licencia, aclara que siempre sería arbitrario. "Así hacen los diarios" -dice.
Cuando te afirma algo, te deja pocas o nulas vías de argumentación para retrucarle. Uno termina mandándolo a la mierda, o dándole un abrazo. Saltando de una a otra reacción. De esas dos reacciones, nada mas.
Habla con voz serena pero firme; piensa que gritar no es hablar
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