21.3.13
El sol se desgastaba sobre los ladrillos del edificio. De cada balcón salían voces. De distintas edades, de distintas texturas y con distintas historias. Algunas sobresalían mas que otras. Afuera, el Hombre compraba todo lo que se le cruzaba por delante, empujado por versiones que decían que llegaba el fin del mundo y por haber cobrado el aguinaldo, también. Al mismo tiempo, otros hombres inventaban cosas con urgencia para ser vendidas.
El asco es humano. Cultural y transmitido. No es de los perros que se huelen el culo cuando se saludan. "¿Le olerías al culo a una persona cuando te la encontrás como hacen los perros o te resulta más práctico darle la mano? o acaso es el asco, que ellos no tienen, el que tendió los ritos de los saludos.
22.12.12
La acción y la reacción. La reacción, la acción y la siguiente reacción. El grito o la sonrisa. El castigo que no enseña, la enseñanza que no toma la forma mas útil. Una sonrisa que se cae de boca al piso. Un piso que se parte y que luego hará tropezar al peregrino desprevenido. Un efecto dominó que domina la escena y rige sobre el andar masivo.
Vació el vaso con odio y algo de nostalgia. Se desprendía de su mirada una estela de ruidos sordos. Le brillaban los ojos a pesar de todo. Afuera sonaron dos tiros mientras un vallenato invadía todo. Afuera había otro mundo, que no terminaba de ser del todo "su mundo". "Cómo ser parte de algo que no tiene un mísero hilo de conexión con uno, de coincidencia, salvo la cuestión de los dos ojos, la misma ubicación de la nariz en la cara". Se paró frente al espejo, se peinó y empezó a observar las marcas de expresión que ahora adornaban el contorno de sus ojos. Las miraba con asombro y algo de entusiasmo como si le gustara ver al tiempo ahí. Como si el tiempo estuviera ahí y no en el aire ni en su reloj. Como si el tiempo realmente existiera y fuera lineal. Como si algo, al menos, fuera certero.
Puso el vaso en la pileta de la cocina y echó a correr el agua. Infinitamente.
14.12.12
Cien ciegos, mil ciegos, un ciego. De los que no pueden ver y tampoco quieren. Cien sordos, mil sordos, un sordo. De los que no saben bien de donde viene el sonido. Desde las retinas estiran las yemas. Sentados en un umbral, mano a mano. Ojo a ojo. Y nada se disuelve mas supera la entropía del misterio roto. Vencido el velo, pierde su nombre. No existe un punto cardinal ahí. Sólo ahí, donde un reflector ilumina el escenario. Y todo sucede, de nuevo. Se alborotan los átomos y los putos electrones hacen su gracia. ¿Me vas a decir que no es real? Dejá, no mires...te va a hacer mal.
22.11.12
¿Cuán tensos bajan los hilos?
Aproxima la nariz contra el vidrio y lo empaña, como si hiciera un ejercicio de respiración sólo por el ejercicio mismo. No le importa respirar. ¿respirar para qué? Si "se hace solo", sin pensar, como si no lo necesitáramos. Mira el reloj, aparta la mirada. Vuelve a mirarlo.
Se sube a su bicicleta que guarda el óxido donde el sol no besa. Pedalea hasta el infinito porque lo hace pensando debajo de sus auriculares. Esos que apoyan los graves sobre sus tímpanos. Sigue pedaleando y la avenida parece que topa con el sol. Allá en el Oeste. Merlo, tal vez. Respira recuerdos y algún que otro obsequio que deja un 132. Tan burda va la decisión que ni se altera. Unos arriba de otros, arriba de otros, arriba de otros. Arriba de todo, el agua y los lamentos. Pasa por debajo de los cables, de los semáforos, de dos novios que discuten, de dos perros que se huelen. Pasa y no mira. No le corresponde.
Todo es una cinta que corre. Pies que se mueven. Sobre un pedal o sobre el suelo.
El problema de las segundas partes no es que sean malas, es que no existen.
18.11.12
El amor propio y el odio ajeno
Se lo pasó el padre, a quien se lo había pasado su padre de parte de su abuelo. De boca a oido, de oido a boca...sin planear sobre ninguna razón. El odio es ajeno; y el miedo velado se le hizo desprecio. Habla por boca de necio...habla por boca de otros que a su vez, hablaban por bocas de otros. Habla con la boca llena de arena apretando bien fuerte los dientes.
¿A quién le pasará la posta nefasta? Sal tras sal se eleva la imagen engañosa. Atrás y un poco mas atrás. El odio es ajeno, está claro, y el amor es propio pero la raiz de la que sale es sui generis aunque difusa.
Entonces aprovecha cualquier situación que exponga a "ese otro" a quien detesta tanto como le teme para sacar a pasear sus residuos, su relleno que no alcanza siquiera para hacer bulto. Cabalga en su ignorancia, con la prisa de los oportunistas; que abren bien los ojos pero sólo para pensar que, así, a ellos les entra más luz que a los demás. A veces cinco o seis abrazos bien dados, en la infancia, evitan en la adultez ciertos desequilibrios de atención que llevan a no entender que amar y odiar requieren una cantidad de energía similar pero difieren completamente en sus beneficios. Porque es eso. Desatención. Irradiada desde el seno de la irracionalidad. Desde el lema escrito sobre el pupitre en letra imprenta.
Mirate
"Uno es la suma de todas las miradas, y todas tienen el mismo peso" Así nomas. Entonces, pendiente de todas y de ninguna, prefirió las penumbras esas que dan las luces tenues. Y ahí, rodeado de los misiles condenatorios se acurrucó contra el diván. Por eso será que eligió a Elisa, que no ve nada, ni de cerca ni de lejos; y que si le escondés los anteojos es como ahogarla con una almohada.
¿La acción busca la mirada o la mirada condiciona a la acción? O ambas. Pedro prefiere la segunda opción. Nunca supo hacer de cuenta que bailaba solo en un salón vacío. ¿Acaso bailaría de otro modo si estuvieran mirándolo? Nunca lo supo, porque no se atrevió a bailar cuando sentía que las luces estaban apuntándole.
Capaz nunca lo sepa. Por lo pronto, hoy no baila. Se sienta a pelar una pera mientras Elisa le cuenta que su hermana de nuevo está en crisis con su marido. No la escucha. Sólo absorbe las palabras que arman la recta. "crisis", "hermana", "Arturo"(el cuñado de Elisa)...de ahí ya sabe todo. Siempre hablan de lo mismo. De las crisis de los demas, del clima, de qué van a hacer cuando se jubilen. No más. Después dejan que el televisor ocupe cualquier terreno que mire de reojo el silencio. No vaya a ser cosa que piensen o vean algo que no deban. Ni bien terminan de comer, Elisa se va a dormir. Pedro la saluda a medias porque sabe que en un rato la encontrará en el cuarto. La oye cepillarse los dientes mientras el joven de barba da el pronóstico del tiempo del día siguiente. Sube el volumen del aparato. Lluvias por la tarde.
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