Lo irresuelto, dicen en Monte(San Miguel del), se resuelve o se disuelve. Después de todo Martes 13 hay un Miércoles 14. Resulta obvio y necesario. Se impone.
De lo contrario no tendrían sentido las supersticiones. Romperíamos espejos en cada avenida de doble circulación.
Y un pensamiento se hace fecha. Te consagra. Y se hace flecha, también.
Un disparo con la otra mano, la que no sabe herir. Un poco de piedad en el salón. Regazo del cielo que se hace canción. Unos dados, un silencio y toda la verdad. Cuantas onzas de suerte? Cuantos gramos de voluntad?
Carlos afirma sus ideas mirando quien sabe que. Quien sabe por qué? Afirma que quien no se quiere ir, se despide eternamente. O algo así. Un taxi pasa sin tocar el pavimento delante de él. Como pasan otros.
Sobre las teclas blancas dejó
a mis yemas; la brisa. El mismo río le grita a esta ciudad y le canta a Montevideo. Tecleando espero al día.
Desde el amazonas, baja un pensamiento. Baja por el río, el mismo río que por estas latitudes se junta con la sal sólo por cansancio. Sin dejar de saberse río.
Cruzan los caballos de sur a norte esta ciudad. Cruzan peregrinos, tiesos por hastío, de cruzar al tiempo sobre el resignarse. Cruzan aún algunos crédulos, piezas de atávicos prejuicios. Lo que es, es lo que se ve menos lo que se piensa. Cruza los dedos el flaco alto que termina de cenar a las 2 de la mañana de un miércoles, en la esquina de Godoy Cruz y Santa Fe. Cruza los dedos y traga. La suerte no debe dormirse.
Cruza la brisa y traza la suerte. Toma los dados.
Será
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