14.8.12
Será mejor así. Un día se impuso ese lema y pobre del que se lo quiera quitar. Así digería cualquier viento de frente de esos que alborotan al agua de las bocacalles. Dejaba los ojos en pausa para parir una mirada honda mientras comía una empanada en una estación de servicio. Todo su mar interno se agitaba pero no había signos de ello. Así había sido ayer. También antes de ayer. Desde donde nacía su memoria, era así. Lo demás lo había bloqueado. A ver si se le ocurría pensar que lo otro era cierto. Y lo que es peor, Que era posible. A esa empanada, le sigue la acidez de las 3 de la tarde arriba del auto, el cigarro en una plaza(porque el dueño del auto no lo deja fumar arriba del vehículo), el mate cocido a las 6, cenar antes de que llegue el cansancio, dormir sin soñar, amanecer otra vez para subirse a las rueditas de esas que tienen los roedores en las veterinarias. Y así.
Lo que dure esta lluvia
"Yo no se bien en cuánto tiempo se hace la eternidad. Si, así te digo. La eternidad. Que se yo. Capaz es un segundo, el segundo ese de una mirada que cementa un vínculo, une dos manos y ya el tiempo pasa a ser una formalidad. Un protocolo de otros. Capaz es un poco más. El tiempo que lleva hacer una obra coherente y consistente. Como una construcción que, a veces, sólo culmina cuando termina la vida. Igual no me hagas caso, porque no se bien qué es la eternidad, y me paré debajo de este toldo sólo porque está lloviendo y no tengo paraguas. Ves? La lluvia es eterna. Te da descansos, pero siempre va a caer. Y cuando no cae, vas a pensar en ella. Por ausencia, por proximidad, por secuelas, por lo que sea. Dejá, no me hagas caso, que ahora para de llover y yo sigo mi camino. Un hijo te hace eterno, un nieto. Un gol sobre la hora en un clásico. ¿Tenés un cigarrillo? Había dejado de fumar pero pensar me da ansiedad. Angustia también. Ahí está parando, mejor aprovecho a ver si agarro ese 60 que va para Tigre. Que tengas buen día."
26.7.12
Hacia el balcón
Con diez o veinte dedos se puede hacer de todo. El abanico es tan amplio que ya no es un abanico. Como si fuera una vuelta al mundo, o una vuelta completa al universo que se puede trazar en las infinitas sinapsis. Desde una bomba atómica hasta una canción...y todo lo del medio. Y todo ese medio que deja a dos extremos a una distancia impensada. Desde un sillón, ojeando un balcón que da a un recuerdo y a una medianera.
El ruido perdido que viene de la calle pero nunca llega. Sobre la mesa la idea mas perfecta, aquella que se está creando. Universal aunque única. Un período refractario que se extiende hasta que el sol lo espanta. Aquellos nuevos ritmos. Allá ellos. Vienen del latido o viceversa. Se expanden sobre la senda peatonal de mil peregrinos cansados.
9.7.12
Ojos de ausencia
Si hubieras visto con ojos de ausencia las más claras lunas, tendidas y despiertas, sería una ironía todo ese recorrido. La velocidad no abruma por vertiginosa sino porque agranda la distancia entre los pies y el pasado. Lo pisado. Los muertos que hablan desde algùn sueño. El mismo amanecer repetido hasta el infinito; hasta el horizonte. Los techos de las casas se desperezan y miran al cielo. Y todo corre. Sigue corriendo. El que mañana no te verá pasar; unos días después no será visto. Así el barro se forma siempre de la misma tierra y del mismo agua. Sólo que se separan un poco a veces y al caer la primera lluvia desaparecen para transformarse en otra cosa que en verdad los incluye a ambos.
Todas las sonrisas servidas se suben a un omnibus en una avenida. Verde, amarillo, rojo. Verde... No hay tiempo entonces. Hay un ciclo...amarillo, rojo.
Algunas lluvias. Todos los cielos.
Y desaparece así toda impresión que no está firme. Se esconde. Las nubes que tapan al sol tienen forma.
Entonces aquel viaje que empezó imprevistamente calculado se desenreda al ritmo de un latido irregular... Entonces no hay tiempo.
3.7.12
*
Desde un balcón. Desde el borde que plantea una elección. Los pies apoyados sobre las baldosas. Hacia abajo, la mirada se proyecta sobre una posibilidad por la cual no se opta.
Mientras tanto todo el cielo se resume en una porción del techo. Juntas la fantasía y la sangre.
Afuera está pasando todo eso que no pasa cuando no estamos viendo. Oímos músicas que invaden la escena y luego saludan.
Vaughan se disuelve para ocupar todo el ambiente.
Todos los misterios que se esconden entre la nuca y los ojos. Equidistantes de ambos. La buena salud y las malas costumbres. Agoreros del tren fantasma van en dirección Sur-Norte.
Mientras tanto un perro corre en círculos por una plaza. Atrás, el río.
21.6.12
Las veredas eternas
2.6.12
¿Bailás?
Se habían visto hace años, con esa manera de mirar que deja en los ojos una película que cambia la visión. Como si fueran lentes pero no. Con esa manera de ver, que deja un film, corriendo en múltiples escenas. Se habían olido de tal modo que ya sus perfumes llevaban directamente a la imagen del otro. Podían acaso verse apoyando las yemas en la piel del otro, aún con los ojos cerrados.
Mientras la canción, esa que sólo hace un silencio que escuchan los terceros, sonaba, ellos empezaron a bailar. Pisándose un poco a veces, corriendo los hombros, mirándose a los ojos siempre.
¿Bailás?- le dijo un día él. Ella hizo que no oía pero claro que lo hacía. Fueron viendo en el otro eso que hace el tiempo con todo aquello que se oxida, y viendo a su vez, que hay otro universo de cosas que no perece sino que madura. Las células corren con desventajas; los sentimientos muchas veces no.
Mientras sigue sonando aquella canción él la sigue mirando a los ojos, llevándola en su paso de baile y dejándose llevar. Ella también lo mira y se ilumina de toda la luz que él emana. Dos bailarines en un salón enorme lleno de gente que viene y que va.
Todos los años pasados se apoyan en esa mirada. Todos los segundos se acumulan y luego desaparecen.
Mientras tanto, el sol va perdiendo calorías mientras las comparte con todo el resto.
Ellos bailan, sea la canción que sea, porque decidieron bailar.
Será
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