9.7.12
Ojos de ausencia
Si hubieras visto con ojos de ausencia las más claras lunas, tendidas y despiertas, sería una ironía todo ese recorrido. La velocidad no abruma por vertiginosa sino porque agranda la distancia entre los pies y el pasado. Lo pisado. Los muertos que hablan desde algùn sueño. El mismo amanecer repetido hasta el infinito; hasta el horizonte. Los techos de las casas se desperezan y miran al cielo. Y todo corre. Sigue corriendo. El que mañana no te verá pasar; unos días después no será visto. Así el barro se forma siempre de la misma tierra y del mismo agua. Sólo que se separan un poco a veces y al caer la primera lluvia desaparecen para transformarse en otra cosa que en verdad los incluye a ambos.
Todas las sonrisas servidas se suben a un omnibus en una avenida. Verde, amarillo, rojo. Verde... No hay tiempo entonces. Hay un ciclo...amarillo, rojo.
Algunas lluvias. Todos los cielos.
Y desaparece así toda impresión que no está firme. Se esconde. Las nubes que tapan al sol tienen forma.
Entonces aquel viaje que empezó imprevistamente calculado se desenreda al ritmo de un latido irregular... Entonces no hay tiempo.
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