17.5.12

Cuatro treinta

Las noticias de las cuatro treinta pasan al olvido mientras se deshace el hielo en el exprimido de tigre. Sentado observa el pasar de las imágenes incansables incansablemente. Retoma el libro desde el lugar en donde lo dejó ayer y antes de ayer. Ambos días lo dejó para atender el teléfono y nunca más lo recordó. Hay un momento en donde el hielo le aporta en justa medida a la bebida. Luego, en cuestión de un segundo, le deforma la esencia sin lograr borrarla. Las imágenes siguen sin cansarse. Piensa, mientras sostiene el vaso, en aquel libro que una vez le prestó a su vecino y éste tuvo el inusual gesto de retornarlo una vez finalizada su lectura. Los libros y los discos cambian constantemente de dueño. Las culpas también; asi viven en su condición de nómades. -¿Querés un abrigo?- le pregunta a su mujer, quien no le responde. "Debe estar durmiendo" piensa él. Hace un intento de irse a fijar pero mira el hielo en su vaso y desiste en el medio del acto. Dicen que hay que pasar el invierno. El problema es que lo dijo uno de esos que jugaba a secar a las primaveras. Al vaso le queda una piel de whisky sobre el fondo. Lo suficiente como para no poder decir que está vacío. Capaz es la excusa para no tener que que irse a servir un poco más o a dormir. Miguel establece un intento por detener el tiempo. Que aquellas noticias que darán a las cinco se demoren lo mas posible. No se duerme. Puede ser que no pueda un poco y otro que no quiera aunque sea uno de esos el que finalmente vence. No hay parda ahí en la foto cuando cruzan el disco. Camina en la noche. Repta. Respira. Piensa mientras frena en una apnea. Piensa la tapa del diario de mañana y juega a adivinar los titulares. Había una vez un suspiro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario